viernes, 15 de agosto de 2014

| PART SIX: BEFORE THE STORM |




Después de aquel pequeño incidente con Mitch, Bridget siguió como si nada. Decidió enfocarse en su fiesta de cumpleaños, para la cual faltaba una semana y media. Reed la había ayudado a conseguir un lugar, donde poder celebrar. Sería algo íntimo, compañeros de la universidad, unos pocos del trabajo y nada más, por lo que sería algo pequeño.
Reed le había mandado un mensaje de texto citándola en determinado lugar. No daba mucho detalle, por lo que le parecía extraño, misterioso. Por lo general, si Reed se tenía que encontrar con Bridget, la llamaba, aclarándole el motivo, y el lugar. Estaba vez solo envió una dirección. Bridget evitó pensar en lo peor. Se cambió de ropa y decidió ir al punto de encuentro.
Llegó al lugar y se encontró con que era un café. Le envió un mensaje para avisarle que estaba ahí. Reed no tardó aparecer.
—¡Hey! Hola —dijo ella con una sonrisa.
—Hola, B... Te preguntarás porque te cité aquí.
—Así es, ¿que ocultas, Reed? ¿Debería tener miedo?
—Claro que no —dijo riendo. —Te traje una sorpresa de cumpleaños.
—Pero si falta.
—Lo sé... Cierra los ojos, por favor.
—De acuerdo —Bridget cerró los ojos sin protestar. La intriga se apoderó de ella de una manera poderosa.
—Ábrelos —ordenó Reed después de casi un minuto.
Al abrirlos se encontró con una de las mejores sorpresas: Frente a ella tenía a su mejor amiga, Lucianne. Desde los trece años que eran las mejores amigas. A pesar de que sus vidas habían tomado rumbos distintos, Bridget se fue a New York y después a Londres, y Lucianne vivía en San Francisco, mantenían contacto gracias a Facebook. Pero últimamente venían hablando poco ya que ambas estaban bastante ocupadas. Como era de esperarse, se dieron un gran abrazo.
—¡Gracias Reed! —abrazó fuertemente al chico. —Este es el mejor regalo que le podían haber hecho en mi vida. Gracias, gracias, gracias.
—Te iba a dar la sorpresa ese día, pero bueno, tu regalo se adelantó, estaba muy ansiosa de venir. Las dejaré solas para que se cuenten sus cosas. ¿Nos vemos mañana en el café de la Universidad, B?
—¡Claro! —se acercó para besar su mejilla. —Gracias —le murmuró.
—De nada —le dedicó una sonrisa. —Que se diviertan, chicas. Adiós, nos vemos —se despidió y se marchó.
—¡Ay, no puedo creer que estés aquí! —dijo Bridget sonriente. —Que linda te ves, Lu, el sol de California va contigo —comentó.
—Gracias... No podría decir lo mismo de ti, no hay mucho sol, aquí... ¡Sigues tan blanca como un vampiro, B! —ambas rieron. —¿Vamos por un café?
—¡Por supuesto!
Lucianne y Bridget fueron al café, y estuvieron hablando como por dos horas. Bridget prefirió dejar que su amiga hable. Sabía que le diría de todo con respecto al tema de Mitch. Por más que le dolía en el alma, optó por no contarle y fingir que todo esta bien, por más que si Lucianne al enterarse quisiera matarla.
—¿Ya tienes donde quedarte? —preguntó Bridget.
—Me estoy hospedando en un hotel a unas cuadras del Big Ben —respondió.
—Ah, ¿no quieres venir a mi casa a quedarte? Será mejor, y más divertido. Esta Mitch, pero no será una molestia, lo prometo.
—Me parece bien. Entonces iremos por mis cosas, y luego iremos allí. ¿Vale?

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Faltaban dos días para la fiesta cuando recibió un segundo regalo sorpresa. Mitch se iba de viaje a Estados Unidos por el cumpleaños de su sobrino. Ni siquiera se sintió mal por su ausencia, realmente sentía que era mejor. Estaba al tanto de que podía llegar a haber una tensión entre Mitch y Reed, y realmente prefería evitar disgustos en su cumpleaños. Así que por el momento su única preocupación por el momento era buscar un disfraz para la fiesta. Había estado ocupada con otros aspectos de la fiesta, y no se había preocupado por lo más importante. Para eso, le pidió a ayuda a Lucianne.
Lucianne y Bridget fueron a una tienda de disfraces que había cerca de donde vivía Bridget. Lucianne también tenía que escoger un disfraz, lo cual les demoró bastante. Después de una hora y media, Bridget dejo salir su lado más nerd y optó por disfrazarse de Spock de Star Trek, obviamente una versión femenina. Y Lucianne eligió caracterizarse como Jazmin, la princesa de Aladdin.

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La fiesta había sido genial. Bridget había pensado que se pondría histérica con los preparativos y demás. Pero nada que ver. Gracias a Reed y Lucianne, pudo relajarse y pasarla bien. Sin pensarlo, lo consideraba como uno de los mejores cumpleaños que había tenido. Pudo notar que los demás también lo disfrutaron, y eso indicaba que hizo un buen trabajo.
Lamentablemente Lucianne, luego de la fiesta tenía que volver a San Francisco, ya que en el trabajo le habían dado unos pocos días. Así que directamente partió desde el club donde se hizo la fiesta hasta el aeropuerto. Bridget esperaba ver a su amiga pronto.
A las cuatro de la mañana había finalizado la fiesta. Reed se ofreció a acompañar a Bridget a su casa. Ambos buscaron un taxi, y se bajaron a unas cuadras de la casa de Bridget, ya que querían caminar un poco bajo las estrellas.
—Tu eres el más normal de los dos —Bridget comento divertida, al ver que alguien en la calle se la quedaba mirando por su disfraz de Spock. Reed estaba vestido al estilo James Dean, muy de los años cincuenta.
—Por suerte no era fan de Star Trek, si no ya se te hubiese tirado encima —rió Reed, y ella también.
—Gracias, Reed —le dedicó una sonrisa.
—De nada, B. Me agradó haber sido parte de esto, de haber estado presente en un día tan importante para ti —él le sonrió también.
Hablaron algunas tonterías hasta llegar a la puerta de la casa de Bridget.
—¿Quieres pasar a tomar un café? —Bridget se detuvo en la puerta.
—Claro.
Entraron la casa. Bridget encendió las luces de la sala, y luego fue hasta la cocina. Reed la siguió.
—Ponte cómodo —Bridget le indicó.
Reed no dijo nada, y regresó a la sala. Se quitó la chaqueta, y se sentó en el sillón. Bridget no se demoró en aparecer. Le entregó una taza de Star Wars con café. Ella tenía una de La Sirenita.
—Estas tomando en una de mis tazas favoritas, eh —comentó, y se sentó a su lado.
—¿Si? ¿Cuantas tienes? Unas cincuenta seguro —rió.
La canción Amsterdam de Coldplay comenzó a sonar, y eso generó una atmósfera especial. A la misma vez ambos dejaron sus tazas sobre las mesitas de café. Sus manos se encontraron. Ninguno de los dos decía nada. Él se acercó más a ella, cerraron sus ojos, y Reed depositó un suave beso sobre sus labios. Bridget respondió, esa noche no le importaba nadie más que él.
—Feliz cumpleaños —susurró Reed sobre los labios de la chica.
Ella le sonrió y enseguida volvió a besarlo. Reed brotaba de felicidad. Desde ese momento se prometió hacer lo posible para estar con Bridget, él, finalmente, podía decir que estaba perdidamente enamorado de Bridget. Sólo esperaba que ella le corresponda de la misma manera, aunque tenga que esperarla por un largo tiempo.
—¿Te quedas conmigo esta noche? —preguntó Bridget, acariciando su mejilla suavemente.
—Claro —él respondió.
Bridget se durmió en los brazos de Reed. Y ese fue un ambiente encantador antes de la tormenta.

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