jueves, 10 de abril de 2014
| PART ONE: THE BEGGINING OF EVERYTHING |
Luego de dos meses, había terminado de desempacar la última caja. Se sentía tan orgullosa de lo que había alcanzado, había cumplido su sueño. Desde los quince años que venía ahorrando, y después de seis años consiguió mudarse a Londres, específicamente en la zona de Knights Bridge. Era una casa pequeña, y era bastante hermosa para el precio que estaba. En la planta baja estaba la sala de estar que se conectaba con la cocina. En la planta alta, estaba el baño y dos habitaciones considerablemente medianas. También había un pequeño patio trasero. Para ella, era perfecta, estaba muy a gusto ahí.
Bridget vivía en Estados Unidos, en la ciudad de New Jersey, oriunda de la bella Italia. Su padre es italiano y su madre norteamericana. A los dos años, se mudó a Estados Unidos. Tenía cabello castaño claro y ondulado, por debajo de los hombros. Ojos verdes. Labios finos y rosados. No era muy alta. Era bastante tímida, e insegura de si misma. Aunque ella no era así todo el tiempo, en realidad ella era divertida, graciosa, simpática y muy cariñosa. Era una muchacha muy buena. Estaba estudiando medicina en la King's College London. Trabajaba dando clases particulares de italiano en un pequeño instituto, solamente los martes y jueves, y en una tienda de música. Eso ayudaba a mantenerse. Aunque todas las responsabilidades de la casa no caían en ella. Ella se había mudado ahí con Mitch, un muchacho que había conocido cuando vivía en New Jersey. Él era su pareja, por así decirlo. El estaba muy interesado en ella, estaba como enamorado. A ella le costaba sentirse de la misma manera. Estaba con él por inseguridad de si misma. Sentía que la situación era demasiado tonta, así evitaba pensar en eso, aunque a veces se preocupaba demasiado y no era bueno.
A pesar de todo, ella estaba enfocada en sus actividades y estudios, después de todo ella se mudado por ese motivo.
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Bridget se levantó a las siete de la mañana, como en todas las mañanas. A las nueve comenzaba la clase. Se dio una ducha, se cambió, desayunó café con leche y galletas de chocolate, salió de su casa. Hizo su viaje hasta el campus, y a las ocho y media ya estaba allí. Caminaba lentamente pero distraída, escuchando música, precisamente "Do I Wanna Know?" de una de sus bandas favoritas, Arctic Monkeys. Justo le había llegado un mensaje de Mitch, otro motivo más de distracción. En un momento, sin darse cuenta impacta a alguien y Bridget cae al suelo. Enseguida, levanta la mirada y se quita los auriculares. Frente a ella tenía a un chico muy apuesto. Era un par de centímetros más alto que ella, cabello corto, cejas un tanto pobladas, unos encantadores ojos azules, labios prominentes. Como todo caballero, el muchacho extendió su mano a la chica para ayudarla a levantar.
—¿Estas bien? —preguntó en un tono de voz cálido. Ella asintió con la cabeza.
—Lo siento —dijo Bridget de manera de tímida.
—Descuida —ladeó una sonrisa. —Supongo que todos tenemos esos días en los cuales andamos distraídos -Bridget sonrió un poco. Realmente no sabía que decir. Cuando estaba frente algún chico apuesto, se le era difícil entablar una conversación. Ambos se miraron en medio un silencio, algo incómodo. —¿Te conozco de algún lado?
—No lo sé. Supongo que me has visto rondar por aqui.
—¿Qué estudias?
—Medicina, ¿tu?
—¡También! —exclamó. —Creo que eres Bridget, ¿verdad?
—Si —comentó con una sonrisa sorprendida.
—Creo que vamos a las mismas clases. Eres de las que participan bastante, ¿o me equivoco?
—Si, tal vez me tengas de vista de clases —admitió con timidez. —¿Tu nombre es?
—Reed, Reed Morrison —estrechó su mano con la de la chica.
—Un gusto.
—Oye, se que esto será extraño dado que recién nos conocemos pero... ¿Podrías darme una mano con los exámenes? No digo que me brindes el cien por ciento de ayuda, sino una guía para no estar tan perdido. ¿Qué dices? —la miraba esperando una respuesta.
—Claro, me parece una buena idea. Me vendría bien un compañero de estudio —sonrió cálidamente.
—¡Genial! Muchas gracias —sonrió ampliamente. —Dame tu teléfono —Reed sacó su teléfono para anotar el número de Bridget. Ella le dictó cada uno. —Listo... ¿Vamos a clase?
—Vamos.
Luego de finalizada la clase. Reed y Bridget se despidieron. Una vez que se alejó de él, en su camino a la parada del autobús, su celular comenzó a sonar. Al ver la pantalla, desconoció el número que llamaba, aún así atendió.
—¿Aló? —preguntó la muchacha.
—Quería verificar que el número que me diste fuera correcto —reconoció su voz... Era Reed. Sin darse cuenta, esas palabras hicieron que se sonroje. —Nos vemos mañana, Bridget.
—Nos vemos mañana, Reed.
Lo que ambos no sabían, es que eso sería el comienzo de todo.
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