Una vez más estoy a punto de renunciar al demonio de ojos azules. Esta vez no me dejaré llevar por sus profundos ojos azules y ese discurso donde dice que me ama y que soy todo.
En el momento, en cual decido enfrentarlo, el aparece y yo trato de no mirarlo a los ojos. Dejo que se excuse. Sus palabras van atravesando mi mente y se quedan grabadas. Y cuando no me doy cuenta, ya caigo rendida a sus pies, como si una nube azul se apoderara de mi y en lo único que pienso es en él, lo único que respiro es él. Decido darle otra oportunidad, con la esperanza de que no rompa su promesa, y menos que menos mi corazón.

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